e-Curso: SAGRADO CORAZÓN, SÍMBOLO DEL AMOR DE CRISTO

Capítulo 30

SAGRADO CORAZÓN
SÍMBOLO DEL AMOR DE CRISTO

Sagrado Corazón de Jesús
Oleo de Sebastián Gallés y Pujat S.J. (1812-1900)

MEDITACIONES Y ORACIONES DEL
SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II 

(en el siglo Karol Wojtyla - Sumo Pontífice)

 

 

CORAZÓN DE JESÚS ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN

TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS

         

 Ángelus, 5 de noviembre de 1989

¡Queridos Hermanos y Hermanas!

1. La reciente conmemoración de todos los fíeles difuntos nos invita hoy a contemplar, bojo una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las letanías del Sagrado Corazón -objeto de nuestras reflexiones- nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren, ten misericordia de nosotros".

La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiano, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.

Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe luz y energía para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirige para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como "vive en Cristo", así no puede menos de "morir en Cristo".

La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el acontecimiento de la muerte: el Corazón de Cristo, Su Amor y Su Misericordia, son esperanza y seguridad para quien muere en Él.

2.Pero conviene que nos detengamos un momento a preguntamos: ¿Qué significa "morir en Cristo"? Significa ante todo leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de la enseñanza del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también Él a través de la muerte, ha ido a preparamos un lugar (Jn 14,2); es decir significa creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y de fruto abundante ( Jn 12,24).

"Morir en Cristo" significa, además, confiar en Cristo y abandonarse totalmente a Él, poniendo en sus manos -de Hermano, de Amigo, de Buen Pastor- el propio destino, así como Él, muriendo, puso Su espíritu en las manos del Padre (L.c. 23,46). "Morir en Cristo" significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, "ni la muerte ni la vida... podrá separarnos del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8,38-39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido. (1 Jn 3,20).

3."Morir en Cristo" significa también fortificarse para aquel momento decisivo con los "signos santos" del "paso pascual": el Sacramento de la Reconciliación, que nos reconcilia con el Padre y con todas las criaturas; el santo Viático, Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo.

"Morir en Cristo" significa finalmente "morir como Cristo": orando y perdonando, teniendo junto a si a la bienaventurada Virgen. Como Madre, Ella estuvo junto a la Cruz de Su Hijo (Jn 19,25); como Madre está al lado de sus hijos moribundos. Ella que, con el sacrificio de Su Corazón, cooperó a engendrarlos a la vida de la gracia (Lumen Gentium, 53); está al lado de ellos para que del sufrimiento de la muerte nazcan a la vida de la gloria.

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS ES EL CORAZÓN DE LA IGLESIA

Mensaje para el Centenario de la Consagración de la Raza Humana al Sagrado Corazón de Jesús
 
Warsaw (Polonia)  , 11 de Junio de 1999, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

¡Queridos Hermanos y Hermanas!

3. La coincidencia de este centenario con el último año en preparación para el Gran Jubileo del Año 2000, el cual está dirigido a ensanchar los horizontes de los creyentes, para que puedan ver todas las cosas en la perspectiva del "Padre que está en los Cielos" (cf. Mt. 5:45) (Carta Apostólica Tertio millennio adveniente, n. 49) ofrece una oportunidad perfecta para presentar al Corazón de Jesús "el horno ardiente del amor,…el símbolo y la imagen expresiva del amor eterno con que "Dios amó tanto al mundo, que le dio a su único Hijo" (Jn 3:10) (Paulo VI, Epístola Apostólica Investigabiles divitias). El Padre "es amor" (1 Jn 4:8, 16), y Su Único Hijo, Cristo, manifiesta este misterio mientras revela el hombre al hombre.

La devoción al Corazón de Jesús le ha dado forma a las palabras proféticas dichas por San Juan: "Mirarán al que traspasaron" (Jn 19:37; cf. Za 12:10). Es una mirada contemplativa, que lucha para entrar hondamente en los sentimientos de Cristo, Dios verdadero y Hombre verdadero. En esta devoción el creyente confirma y ahonda en la aceptación del misterio de la Encarnación, que ha hecho uno a la Palabra y a los seres humanos, dando testimonio de esta forma a la búsqueda del Padre por la humanidad. Esta búsqueda nace de lo más profundo de la intimidad de Dios, quién "ama" al hombre eternamente en la Palabra, y que desea elevarlo a Cristo en la dignidad de hijo adoptado." (Tertio millennio adveniente n. 7). Al mismo tiempo la devoción al Corazón de Jesús busca el misterio de la Redención para descubrir la medida del amor que dio inicio a Su sacrificio por nuestra salvación.

El Corazón de Cristo está activo con la acción del Espíritu Santo, a quién Jesús le atribuyó la inspiración de su misión (Lc 4:18; cf. Is 61:1) y a quien, en la Ultima Cena, había prometido enviar. Es el Espíritu el que nos permite captar, a través del costado traspasado de Cristo de donde ha surgido la Iglesia, los signos de los tiempos (cf. Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 5). "Efectivamente, la Iglesia", escribió Paulo VI, "nació del Corazón traspasado del Redentor y de ese Corazón recibe su alimento, porque Cristo se dio a Sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra. (Ef 5:25-26) (Carta Diserti interpretes). A través del Espíritu Santo, es entonces, que el amor que penetra el Corazón de Jesús es derramado a los corazones de los hombres (cf. Rom 5:5), y los mueve a la adoración de sus "inescrutables riquezas" (Ef 3:8) y a la petición filial y confiada al Padre (cf. Rom 8:15-16) a través del Resucitado quién "siempre vive para interceder por nosotros" (Heb 7:25).

4. "La devoción al Corazón de Cristo, el sitio universal de comunión con Dios el Padre; sitio del Espíritu Santo" (8 de Junio de 1994; L’Observatore Romano, edición en Inglés del 15 de Junio de 1994, p. 3), tiene como meta el estrechar nuestros lazos con la Santísima Trinidad. Así pues, la celebración del centenario de la consagración de la raza humana al Sagrado Corazón prepara a los creyentes para el Gran Jubileo, porque la importancia de su objetivo de "dar gloria a la Trinidad, de quién proviene todo en el mundo y en la historia y a quién todo regresa (Tertio millennio adveniente, n. 55), y por su orientación a la Eucaristía (cf. Ibid.), en cual la vida que Cristo vino a traer en abundancia (cf. Jn 10:10) es comunicada a aquellos que se alimentan de El para poder tener vida por El (cf. Jn 6:57). Toda la devoción al Corazón de Jesús en cada una de sus manifestaciones es profundamente Eucarística: se manifiesta a través de prácticas religiosas que mueven al creyente a vivir en armonía con Cristo, "manso y humilde de corazón" (Mt 11:29), y se intensifica en la adoración. Se ahonda y encuentra su punto culmen en la participación en la Santa Misa, especialmente en la Misa Dominical, donde los corazones de los creyentes, fraternalmente unidos en alegría, oyen la palabra de Dios y aprenden a ofrecerse ellos mismos y la totalidad de sus vidas a Cristo (Sacrosanctum Concilium, n. 48). Ahí se alimentan en el banquete pascual del Cuerpo y Sangre del Redentor, y compartiendo completamente el amor que palpita en Su Corazón, ellos luchan por ser mejores evangelizadores y testigos de la solidaridad y la esperanza.

Damos gracias a Dios, nuestro Padre, quién ha revelado su amor en el Corazón de Cristo y nos ha consagrado por la unción del Espíritu Santo (cf. Constitución Dogmática Lumen gentium, n. 10) para que en unión con Cristo, nosotros podamos adorarle en todo lugar y que a través de nuestras acciones le consagremos a Él el mundo y el nuevo milenio.

Conscientes del gran desafío que se presenta ante nosotros, pedimos la ayuda de la Santísima Virgen Madre de Cristo y Madre de la Iglesia. Que Ella guíe al Pueblo de Dios a cruzar el umbral del milenio que pronto empieza. Que Ella les alumbre en los caminos de la fe, esperanza y amor!

Que Ella ayude a cada Cristiano a vivir con una consistente generosidad la consagración a Cristo, la cual tiene su base en el sacramento del Bautismo y se confirma completamente en la consagración personal al Sacratísimo Corazón de Jesús, el único en el cual la humanidad puede encontrar el perdón y la salvación.

 

  

Ángeles adorando el Sagrado Corazón de Jesús

Vicente López Portaña. Óleo sobre lienzo (1795)

Nuestra Señora del Sagrado Corazón

ACUÉRDATE

Nuestra Señora del Sagrado Corazón
de las maravillas que Dios hizo en Tí.

Te escogió como Madre de Su Hijo
a quien seguiste hasta la Cruz.
Te glorificó con Él,
escuchando con agrado
tus plegarias por todos los hombres.

Llenos de confianza en el Amor del Señor
y en Tu intercesión,
venimos Contigo a las fuentes de Su Corazón,
de donde brotan para la vida del mundo
la esperanza y el perdón, la fidelidad y la salvación.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón,
Tú conoces nuestras necesidades:
habla al Señor por nosotros
y por todos los hombres.

Ayúdanos a vivir en Su Amor.
Para eso alcánzanos las gracias
que te pedimos y las que necesitamos.
Tu petición de Madre es poderosa:
que Dios  responda a nuestra esperanza. Amén.
 

 

ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES

POR INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II

Oh Trinidad Santa, te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo. Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.

Padrenuestro. Avemaría. Gloria.

Con aprobación eclesiástica

CARD. CAMILLO RUINI
Vicario General de Su Santidad
para la Diócesis de Roma


Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni in Laterano 6/A 00184 ROMA . También puede enviar su testimonio por correo electrónico a la siguiente dirección: postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org


 

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