e-Curso:
SAGRADO CORAZÓN, SÍMBOLO DEL AMOR DE CRISTO
Capítulo 30 |

CORAZÓN DE JESÚS
ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN
TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS
Ángelus,
5 de noviembre de 1989
¡Queridos
Hermanos y Hermanas!
1. La reciente
conmemoración de todos los fíeles difuntos nos invita hoy a contemplar, bojo
una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las
letanías del Sagrado Corazón -objeto de nuestras reflexiones- nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de
Jesús, esperanza de los que en Ti mueren, ten misericordia de nosotros".
La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la
fase histórica de la vida. En la concepción cristiano, la muerte es un paso:
de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.
Ahora bien, si el
Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe luz y
energía para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirige para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su
fe? Como "vive en Cristo", así no puede menos de "morir en Cristo".
La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el
acontecimiento de la muerte: el Corazón de Cristo, Su Amor y Su Misericordia,
son esperanza y seguridad para quien muere en Él.
2.Pero
conviene que nos detengamos un momento a preguntamos: ¿Qué significa "morir
en Cristo"? Significa ante todo leer el
evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de la enseñanza del
Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa
del Padre, donde Jesús, pasando también Él a través de la muerte, ha ido a
preparamos un lugar (Jn 14,2); es decir significa creer que, a pesar de la
destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y de fruto
abundante ( Jn 12,24).
"Morir en Cristo"
significa, además, confiar en Cristo y abandonarse
totalmente a Él, poniendo en sus manos -de Hermano, de Amigo, de Buen Pastor- el propio destino, así como
Él, muriendo, puso Su espíritu en las manos del
Padre (L.c. 23,46). "Morir en Cristo" significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la
paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, "ni la muerte ni
la vida... podrá separarnos del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús
Señor nuestro" (Rm 8,38-39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que,
aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más
grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido. (1 Jn
3,20).
3."Morir en
Cristo" significa también fortificarse
para aquel momento decisivo con los "signos santos" del "paso pascual": el
Sacramento de la Reconciliación, que nos reconcilia con el Padre y con todas las
criaturas; el santo Viático, Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la
Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate
supremo.
"Morir en
Cristo" significa finalmente "morir como Cristo": orando y perdonando,
teniendo junto a si a la bienaventurada Virgen. Como Madre, Ella estuvo junto
a la Cruz de Su Hijo (Jn 19,25); como Madre está al lado de sus hijos
moribundos. Ella que, con el sacrificio de Su Corazón, cooperó a engendrarlos
a la vida de la gracia (Lumen Gentium, 53); está al lado de ellos para que del sufrimiento de la muerte nazcan a la vida
de la gloria.

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS ES
EL CORAZÓN DE LA IGLESIA
Mensaje
para el Centenario de la Consagración de la Raza Humana al
Sagrado Corazón de Jesús
Warsaw (Polonia)
, 11 de Junio de 1999, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
¡Queridos
Hermanos y Hermanas!
3. La
coincidencia de este centenario con el último año en
preparación para el Gran Jubileo del Año 2000, el cual está
dirigido a ensanchar los horizontes de los creyentes, para
que puedan ver todas las cosas en la perspectiva del "Padre
que está en los Cielos" (cf. Mt. 5:45) (Carta Apostólica
Tertio millennio adveniente, n. 49) ofrece una
oportunidad perfecta para presentar al Corazón de Jesús "el
horno ardiente del amor,…el símbolo y la imagen expresiva del
amor eterno con que "Dios amó tanto al mundo, que le
dio a su único Hijo" (Jn 3:10) (Paulo VI, Epístola
Apostólica Investigabiles divitias). El Padre "es
amor" (1 Jn 4:8, 16), y Su Único Hijo, Cristo, manifiesta
este misterio mientras revela el hombre al hombre.
La devoción al
Corazón de Jesús le ha dado forma a las palabras proféticas
dichas por San Juan: "Mirarán al que traspasaron" (Jn
19:37; cf. Za 12:10). Es una mirada contemplativa, que
lucha para entrar hondamente en los sentimientos de Cristo,
Dios verdadero y Hombre verdadero. En esta devoción el
creyente confirma y ahonda en la aceptación del misterio de
la Encarnación, que ha hecho uno a la Palabra y a los seres
humanos, dando testimonio de esta forma a la búsqueda del
Padre por la humanidad. Esta búsqueda nace de lo más profundo
de la intimidad de Dios, quién "ama" al hombre eternamente en
la Palabra, y que desea elevarlo a Cristo en la dignidad de
hijo adoptado." (Tertio millennio adveniente n. 7). Al
mismo tiempo la devoción al Corazón de Jesús busca el
misterio de la Redención para descubrir la medida del amor
que dio inicio a Su sacrificio por nuestra salvación.
El Corazón de
Cristo está activo con la acción del Espíritu Santo, a quién
Jesús le atribuyó la inspiración de su misión (Lc 4:18; cf.
Is 61:1) y a quien, en la Ultima Cena, había prometido
enviar.
Es el Espíritu el
que nos permite captar, a través del costado traspasado de
Cristo de donde ha surgido la Iglesia, los signos de los
tiempos (cf. Constitución Sacrosanctum Concilium, n.
5). "Efectivamente, la Iglesia", escribió Paulo
VI, "nació del Corazón traspasado del Redentor y de ese
Corazón recibe su alimento, porque Cristo se dio a Sí mismo
por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño
del agua, en virtud de la palabra. (Ef 5:25-26) (Carta
Diserti interpretes). A través del Espíritu Santo, es
entonces, que el amor que penetra el Corazón de Jesús es
derramado a los corazones de los hombres (cf. Rom 5:5), y los
mueve a la adoración de sus "inescrutables riquezas" (Ef 3:8)
y a la petición filial y confiada al Padre (cf. Rom 8:15-16)
a través del Resucitado quién "siempre vive para interceder
por nosotros" (Heb 7:25).
4. "La
devoción al Corazón de Cristo, el sitio universal de comunión
con Dios el Padre; sitio del Espíritu Santo" (8 de
Junio de 1994; L’Observatore Romano, edición en Inglés
del 15 de Junio de 1994, p. 3), tiene como meta el estrechar
nuestros lazos con la Santísima Trinidad. Así pues, la
celebración del centenario de la consagración de la raza
humana al Sagrado Corazón prepara a los creyentes para el
Gran Jubileo, porque la importancia de su objetivo de "dar
gloria a la Trinidad, de quién proviene todo en el mundo y en
la historia y a quién todo regresa (Tertio millennio
adveniente, n. 55), y por su orientación a la Eucaristía
(cf. Ibid.), en cual la vida que Cristo vino a traer en
abundancia (cf. Jn 10:10) es comunicada a aquellos que se
alimentan de El para poder tener vida por El (cf. Jn 6:57).
Toda la devoción al Corazón de Jesús en cada una de sus
manifestaciones es profundamente Eucarística: se manifiesta a
través de prácticas religiosas que mueven al creyente a vivir
en armonía con Cristo, "manso y humilde de corazón" (Mt
11:29), y se intensifica en la adoración. Se ahonda y
encuentra su punto culmen en la participación en la Santa
Misa, especialmente en la Misa Dominical, donde los corazones
de los creyentes, fraternalmente unidos en alegría, oyen la
palabra de Dios y aprenden a ofrecerse ellos mismos y la
totalidad de sus vidas a Cristo (Sacrosanctum Concilium,
n. 48). Ahí se alimentan en el banquete pascual del Cuerpo y
Sangre del Redentor, y compartiendo completamente el amor que
palpita en Su Corazón, ellos luchan por ser mejores
evangelizadores y testigos de la solidaridad y la esperanza.
Damos gracias a
Dios, nuestro Padre, quién ha revelado su amor en el Corazón
de Cristo y nos ha consagrado por la unción del Espíritu
Santo (cf. Constitución Dogmática Lumen gentium, n.
10) para que en unión con Cristo, nosotros podamos adorarle
en todo lugar y que a través de nuestras acciones le
consagremos a Él el mundo y el nuevo milenio.
Conscientes del
gran desafío que se presenta ante nosotros, pedimos la ayuda
de la Santísima Virgen Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.
Que
Ella guíe al Pueblo de Dios a cruzar el umbral del milenio
que pronto empieza. Que Ella les alumbre en los caminos de la
fe, esperanza y amor!
Que Ella ayude a
cada Cristiano a vivir con una consistente generosidad la
consagración a Cristo, la cual tiene su base en el sacramento
del Bautismo y se confirma completamente en la consagración
personal al Sacratísimo Corazón de Jesús, el único en el cual
la humanidad puede encontrar el perdón y la salvación.
|
Ángeles adorando el Sagrado Corazón de Jesús
Vicente López Portaña. Óleo sobre lienzo (1795)

Nuestra
Señora del Sagrado Corazón
ACUÉRDATE
Nuestra
Señora del Sagrado Corazón
de las maravillas que Dios hizo en Tí.
Te escogió como Madre de Su Hijo
a quien seguiste hasta la Cruz.
Te glorificó con Él,
escuchando con agrado
tus plegarias por todos los hombres.
Llenos de confianza en el Amor del Señor
y en Tu intercesión,
venimos Contigo a las fuentes de Su Corazón,
de donde brotan para la vida del mundo
la esperanza y el perdón,
la fidelidad y la salvación.
Nuestra
Señora del Sagrado Corazón,
Tú conoces nuestras necesidades:
habla al Señor por nosotros
y por todos los hombres.
Ayúdanos a vivir en Su Amor.
Para eso alcánzanos las gracias
que te pedimos y las que necesitamos.
Tu petición de Madre es poderosa:
que Dios responda a nuestra esperanza. Amén.
|
ORACIÓN
PARA IMPLORAR FAVORES
POR
INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II
Oh Trinidad Santa,
te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al
Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la
ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del
Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en
la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús
Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana
ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.
Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que
imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus
santos.
Padrenuestro. Avemaría. Gloria.
Con aprobación eclesiástica

CARD. CAMILLO RUINI
Vicario General de Su Santidad
para la Diócesis de Roma
Se ruega a quienes obtengan gracias por
intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador
de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni
in Laterano 6/A 00184 ROMA . También puede enviar su testimonio por correo
electrónico a la siguiente dirección:
postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org
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