e-Curso:
SAGRADO CORAZÓN, SÍMBOLO DEL AMOR DE CRISTO
Capítulo 27
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CORAZÓN DE JESÚS PAZ Y RECONCILIACIÓN NUESTRA
TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS
Ángelus,
3 de septiembre de 1989
¡Queridos
Hermanos y Hermanas!
1. Rezando con
fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento
de confianza y de seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad
nuestra paz, nuestra suprema reconciliación.
Jesús es nuestra paz. Es bien conocido el significado bíblico del término
"paz": indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha
traído, a los hombres. Por esto, el don de la paz marca el inicio de Su misión
sobre la tierra, acompaña su desarrollo y constituye su coronamiento. "Paz"
cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido "Príncipe de la Paz" (Lc.
2,14; Is 9,5). "Paz" es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido
ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (Lc. 8,48)o en el espíritu (Lc.
7,50). "Paz" es el saludo luminoso del Resucitado a Sus discípulos (Lc. 24,36;
Jn 20,19.26), que Él, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción
del Espíritu Santo, manantial de "amor, alegría, paz" (Gal 5,22).
2.Jesús es nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo
una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador, y el hombre, su
criatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración
admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste,
en la libertad y en el amor, vuelva a Él; a fin de que a la situación de
fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de
paz.
En el Corazón de Cristo, lleno de
Amor hacia el Padre y hacia los hombres, sus
hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre el Cielo y la tierra:
"Fuimos reconciliados con Dios - dice el Apóstol - por la muerte de su Hijo"
(Rom
5,10).
Quien quiera hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz, debe
acoger la invitación del Señor y acudir a Él (Mt 11,28). En Su Corazón
encontrará paz y descanso; allí, su duda se transformará en certidumbre; el
ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad. Allí
encontrará alivio al dolor, valor para superar el miedo, generosidad para no
rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.
3. El
Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También
la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de
reconciliación: ¿ No es Ella quien, por medio del ángel Gabriel, recibió
el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al
género humano (Lc. 1,26-38)?
María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación. Ella estaba al pie de
la Cruz cuando, en la Sangre del Hijo, Dios "reconcilió con El todas las cosas"
(Col 1,20). Ahora, glorificada en el cielo, tiene -como recuerda una plegaria
litúrgica- "un corazón lleno de Misericordia hacia los pecadores, que,
volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el
perdón de Dios". (Misal Prefacio De Beata María Virgine).
Que María,
Reina de la Paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia
de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos.
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EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE
JESÚS
CARTA DEL PAPA BENEDICTO XVI
En el 50
Aniversario de la
Encíclica «Haurietis aquas»
Vivir y testimoniar el amor experimentado
Quien acepta el Amor de Dios interiormente queda
plasmado por Él. El Amor de Dios experimentado es
vivido por el hombre como una «llamada» a la que
tiene que responder. La mirada dirigida al Señor, que
«El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras
enfermedades» (Mateo 8, 17), nos ayuda a prestar más
atención al sufrimiento y a la necesidad de los
demás. La contemplación en la adoración del Costado
traspasado de la lanza nos sensibiliza ante la
voluntad salvífica de Dios. Nos hace capaces de
confiar en Su Amor salvífico y misericordioso y al
mismo tiempo nos refuerza en el deseo de participar
en su obra de salvación, convirtiéndonos en sus
instrumentos. Los dones recibidos del Costado
abierto, del que han salido «sangre y agua» (Cf. Juan
19, 34), hacen que nuestra vida se convierta también
para los demás en manantial del que manan «ríos de
agua viva» (Juan 7, 38) (Cf. encíclica «Deus caritas
est», 7). La experiencia del Amor surgida del culto
del Costado traspasado del Redentor nos tutela ante
el riesgo de replegarnos en nosotros mismos y nos
hace más disponibles a una vida para los demás.
«En
esto hemos conocido lo que es Amor: en que Él dio su
vida por nosotros. También nosotros debemos dar la
vida por los hermanos» (1 Juan 3, 16) (Cf. encíclica
«Haurietis aquas», 38).
La respuesta al mandamiento del amor se hace posible
sólo con la experiencia que este amor ya nos ha sido
dado antes por Dios (Cf. encíclica
«Deus caritas est»,
14). El culto del amor que se hace visible en el
misterio de la Cruz, representado en toda celebración
eucarística, constituye por tanto el fundamento para
que podamos convertirnos en personas capaces de amar
y entregarse (Cf. encíclica «Haurietis aquas», 69),
convirtiéndonos en instrumentos en las manos de
Cristo: sólo así podemos ser heraldos creíbles de Su
Amor. Esta apertura a la voluntad de Dios, sin
embargo, debe renovarse en todo momento: «El amor
nunca se da por "concluido" y completado» (Cf.
encíclica
«Deus caritas est», 17). La contemplación
del «Costado traspasado por la lanza», en la que
resplandece la voluntad sin confines de salvación por
parte de Dios, no puede ser considerada por tanto
como una forma pasajera de culto o de devoción: la
adoración del Amor de Dios, que ha encontrado en el
símbolo del «Corazón traspasado» su expresión
histórico-devocional, sigue siendo imprescindible
para una relación viva con Dios (Cf. encíclica «Haurietis
aquas», 62).
Con el deseo de que la quincuagésimo aniversario
sirva para estimular en tantos corazones una
respuesta cada vez más fervorosa al Amor del Corazón
de Cristo, le imparto a usted, reverendísimo padre, y
a todos los religiosos de la Compañía de Jesús,
siempre sumamente activos en la promoción de esta
devoción fundamental, una especial bendición
apostólica.
Vaticano, 15 de mayo de 2006
BENEDICTUS PP. XVI
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Ángeles adorando el Sagrado Corazón de Jesús
Vicente López Portaña. Óleo sobre lienzo (1795)

La Madre de la Luz
Recogiendo los corazones para su Hijo
ACUÉRDATE
Nuestra
Señora del Sagrado Corazón
de las maravillas que Dios hizo en Tí.
Te escogió como Madre de Su Hijo
a quien seguiste hasta la Cruz.
Te glorificó con Él,
escuchando con agrado
tus plegarias por todos los hombres.
Llenos de confianza en el Amor del Señor
y en Tu intercesión,
venimos Contigo a las fuentes de Su Corazón,
de donde brotan para la vida del mundo
la esperanza y el perdón,
la fidelidad y la salvación.
Nuestra
Señora del Sagrado Corazón,
Tú conoces nuestras necesidades:
habla al Señor por nosotros
y por todos los hombres.
Ayúdanos a vivir en Su Amor.
Para eso alcánzanos las gracias
que te pedimos y las que necesitamos.
Tu petición de Madre es poderosa:
que Dios responda a nuestra esperanza. Amén.
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ORACIÓN
PARA IMPLORAR FAVORES
POR
INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II
Oh Trinidad Santa,
te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al
Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la
ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del
Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en
la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús
Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana
ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.
Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que
imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus
santos.
Padrenuestro. Avemaría. Gloria.
Con aprobación eclesiástica

CARD. CAMILLO RUINI
Vicario General de Su Santidad
para la Diócesis de Roma
Se ruega a quienes obtengan gracias por
intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador
de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni
in Laterano 6/A 00184 ROMA . También puede enviar su testimonio por correo
electrónico a la siguiente dirección:
postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org
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