VELADAS
DE ORACIÓN CON EL PAPA JUAN PABLO II
"TOTUS
TUUS"
ORACIÓN
Y MEDITACIONES
Las “Veladas de Oración con Juan Pablo II”
son encuentros que se celebran el primer sábado de mes, de 21.00 a
21.37 horas. Tienen lugar en casa o en la Iglesia. Constan de oración
y meditación, charla y gestos o prácticas que contribuyen a acercarnos
los unos a los otros. Nos deben ayudar a volver sistemáticamente a las
enseñanzas del Santo Padre y a fortalecernos con su testimonio de fe.
El primer sábado de mes es el día dedicado a
la veneración del Corazón Inmaculado de la Virgen María.
Muchas personas participan en la Eucaristía y rezan como pidió la
Virgen en las apariciones de Fátima. Intentemos conservar este clima
mariano del primer sábado durante los Encuentros con Juan Pablo II.
Hoy el tema es: LA
DIVINA MISERICORDIA ES FUENTE DE ESPERANZA PARA EL HOMBRE
1) El encuentro comienza con una oración
silenciosa. Dirigimos nuestros pensamientos hacia la “ventana de la
casa del Padre” en la que, según palabras del Papa Benedicto XVI,
está ahora Juan Pablo II. El participa de lo que estamos viviendo.
a) En casa. La familia enciende una
vela. Esta nos recuerda las luces que se encendieron en todas partes
los días de la muerte y funeral del Papa. Ahora su llama será para
nosotros signo del fuego de la misericordia, que Dios quiere encender
en nuestros corazones y que debemos llevar al mundo.
b) En la iglesia. Luces apagadas. Antes
de las 21.00, la procesión se dirige en silencio hacia el altar. El
sacerdote lleva la Sagrada Escritura. La coloca sobre el altar, junto
a las velas. Durante un canto se encienden las luces.
2) A las 21.00 entonamos un canto. A
continuación los fieles hacen la señal de la Cruz. El guía del
encuentro recuerda a todos el motivo por el que están reunidos e
introduce el tema del encuentro. Finaliza esta parte del encuentro con
la plegaria “Bajo tu amparo...”
3)
El programa de las “Veladas con Juan Pablo II”
fue presentado en el
Encuentro 1.
Comprende cuatro partes:
1. INTRODUCCIÓN. Palabras de introducción y la oración “Bajo
tu amparo...”.
2. JUAN PABLO II, MAESTRO DE LA VERDAD. Lectura de distintos
fragmentos de las enseñanzas del Papa, meditación sobre sus palabras y
oración.
3. JUAN PABLO II, APÓSTOL DE LA RECONCILIACIÓN. El círculo de
la unidad que ayuda a superar todo aquello que divide a las personas y
a reforzar lo que las une.
4. CONCLUSIÓN. Oración, seguida de una meditación escogida de
la liturgia dominical, para vivir bien el domingo.

LA
DIVINA MISERICORDIA ES FUENTE DE ESPERANZA PARA EL HOMBRE

INTRODUCCIÓN
GUÍA:
Durante muchos años el
Siervo de Dios Juan Pablo II nos enseñó a estar cercanos a
María
Santísima, a recordarla y a velar con Ella. Hoy en el
Cielo,
junto a Ella, contempla el rostro del mejor de los padres y Creador
del cosmos. Sabemos que se acuerda de nosotros e intercede por
nosotros.
En
el encuentro de hoy intentaremos comprender mejor las palabras
pronunciadas por el Papa durante la consagración del Santuario de la
Misericordia Divina de Lagiewniki: “Fuera de la misericordia
de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre”.
Ha sido Dios quien ha llamado nuestra atención sobre esta verdad,
llevándose de este mundo a Juan Pablo II la tarde que precede al
domingo de la Misericordia Divina. En nuestra oración del
primer sábado de mes recordaremos a menudo este misterio.
Escuchando
las palabras pronunciadas por el Papa en el Santuario de la
Misericordia Divina, nos preguntamos: ¿Qué es la Misericordia Divina?
¿Por qué es la esperanza del hombre? ¿Por qué no existe para
nosotros otra fuente de esperanza? ¿Cómo es mi esperanza? Pidamos
con fervor a Dios, por intercesión de María, Madre de Misericordia,
que se nos revele cada vez con mayor con claridad el rostro
misericordioso del Padre celestial.
Bajo
tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras
súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
V.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesucristo. Amén.
JUAN
PABLO II, MAESTRO DE LA VERDAD
LECTOR
1:
De la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios: “Pero
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando
nosotros muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente
con Cristo” (Ef 2, 4-5).
LECTOR
2:
De la Homilía
de Juan Pablo II con
motivo de la Consagración del Santuario de la Misericordia Divina de
Lagiewniki: “«"Oh
inconcebible e insondable misericordia de Dios, ¿quién te puede
adorar y exaltar de modo digno? Oh sumo atributo de Dios omnipotente,
tú eres la dulce esperanza de los pecadores" (Diario,
951, ed. it. 2001, p. 341).
Amadísimos
hermanos y hermanas:
Repito
hoy estas sencillas y sinceras palabras de Santa Faustina, para adorar
con ella y con todos vosotros el misterio inconcebible e insondable de
la misericordia de Dios. Como ella, queremos profesar que, fuera de la
misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el
hombre. Deseamos repetir con fe:
Jesús, confío en Ti.
De
este anuncio, que expresa la confianza en el amor omnipotente de Dios,
tenemos particularmente necesidad en nuestro tiempo, en el que el
hombre se siente perdido ante las múltiples manifestaciones del mal.
Es preciso que la invocación de la misericordia de Dios brote de lo más
íntimo de los corazones llenos de sufrimiento, de temor e
incertidumbre, pero, al mismo tiempo, en busca de una fuente infalible
de esperanza. Por eso, venimos hoy aquí, al santuario de Lagiewniki,
para redescubrir en Cristo el Rostro del Padre:
de aquel que es "Padre misericordioso y Dios de toda
consolación" (2 Co 1, 3). Con los ojos del alma deseamos
contemplar los ojos de Jesús misericordioso, para descubrir en la
profundidad de esta mirada el reflejo de su vida, así como la luz de
la gracia que hemos recibido ya tantas veces, y que Dios nos reserva
para todos los días y para el último día.”
GUIA:
Meditando en silencio estas palabras, dirigimos con fé nuestra mirada
a los ojos de Jesús misericordioso. Confesamos que para nosotros no
hay otra fuente de esperanza que la misericordia de Dios. Expresamos
nuestra fe en el amor todopoderoso de Dios y alabamos el inefable
misterio de Su misericordia, repitiendo en nuestro corazón la
plegaria: “Señor, Tú eres mi esperanza. Jesús, confío en
Ti”.
TODOS:
Permanecen en silencio. Seguidamente entonan un canto.
LECTOR
3:
De la Homilía
de Juan Pablo II con motivo
de la Consagración del Santuario de la Misericordia Divina de
Lagiewniki:
“Es
el Espíritu Santo, Consolador y Espíritu de verdad, quien nos
conduce por los caminos de la Misericordia divina. Él, convenciendo
al mundo "en lo referente al pecado, en lo referente a la
justicia y en lo referente al juicio" (Jn 16, 8), al mismo tiempo
revela la plenitud de la salvación en Cristo. Este convencer en lo
referente al pecado tiene lugar en una doble relación con la cruz de
Cristo. Por una parte, el Espíritu Santo nos permite reconocer,
mediante la cruz de Cristo, el pecado, todo pecado, en toda la dimensión
del mal que encierra y esconde en sí. Por otra, el Espíritu Santo
nos permite ver, siempre mediante la cruz de Cristo, el pecado a la
luz del "mysterium pietatis", es decir, del amor
misericordioso e indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificantem, 32).
Y
así, el "convencer en lo referente al pecado", se
transforma al mismo tiempo en un convencer de que el pecado puede ser
perdonado y el hombre puede corresponder de nuevo a la dignidad de
hijo predilecto de Dios. En efecto, la cruz "es la inclinación más
profunda de la Divinidad hacia el hombre (...). La cruz es como un
toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la
existencia terrena del hombre" (Dives in misericordia, 8).”
GUIA:
Dios se ha inclinado ante nosotros. Ha tocado con Su amor todas las
dolorosas heridas de nuestra existencia. Nos ha dado Su Espíritu para
que nos conduzca fuera de las tinieblas del mal y del pecado y nos guíe
por el camino de la misericordia. Gracias al Espíritu Santo sabemos
rechazar el pecado y poseemos un confianza sin límite en Dios. Oramos
en silencio, poniendo nuestra vida en las manos del buen Padre
celestial. Nos dejamos guiar por el Espíritu Santo.
TODOS:
Permanecen en silencio y seguidamente entonan un canto al Espíritu
Santo.
LECTOR
4: De la Homilía
de Juan Pablo II con motivo
de la Consagración del Santuario de la Misericordia Divina de
Lagiewniki:
“¡Cuánta
necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! En todos
los continentes, desde lo más profundo del sufrimiento humano parece
elevarse la invocación de la misericordia. Donde reinan el odio y la
sed de venganza, donde la guerra causa el dolor y la muerte de los
inocentes, es necesaria la gracia de la misericordia para calmar las
mentes y los corazones y hacer que brote la paz. Donde no se respeta
la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso de
Dios, a cuya luz se manifiesta el inexpresable valor de todo ser
humano. Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en
el mundo termine en el resplandor de la verdad. […]. En la
misericordia de Dios, el mundo encontrará la paz, y el hombre, la
felicidad.”
GUIA:
El mundo tiene necesidad de la Misericordia Divina. Cada uno de
nosotros la necesita. En ella depositamos nuestra esperanza. En la
misericordia de Dios encontrará el mundo la paz y la felicidad.
Recitamos el acto de consagración del mundo a la Misericordia Divina
e imploramos este don para todos los hombres.
Dios,
Padre misericordioso, que has revelado Tu amor por Tu Hijo Jesucristo,
y has derramado sobre nosotros el Espíritu Consolador, Te confiamos
el destino del mundo y el de todos los hombres.
Inclínate
ante nosotros, pecadores, sana nuestra debilidad,
aleja de nosotros todo mal,
haz que todos los habitantes de la tierra experimenten Tu
misericordia, para que en Ti, Dios Uno y Trino, encuentren siempre la
fuente de la esperanza.
Padre
Eterno, por la dolorosa Pasión y Resurrección de Tu Hijo, ten
misericordia de nosotros y del mundo entero. Amen.

JUAN PABLO II, APÓSTOL DE LA RECONCILIACIÓN