VELADAS DE  ORACIÓN CON EL PAPA JUAN PABLO II


MATERIAL DE APOYO PARA REFLEXIONES, MEDITACIONES Y ORACIONES, PERSONALES Y/O COMUNITARIAS

Para el Suscriptor de "El Camino de María"

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VELADAS DE ORACIÓN CON EL PAPA JUAN PABLO II 

"TOTUS TUUS"

ORACIÓN Y MEDITACIONES

ENCUENTRO 1 - PRIMER SÁBADO DEL MES

El primer sábado de abril de 2005, a las 21.37 h., el Santo Padre Juan Pablo II partió hacia la casa del Padre. El mundo entero quedó conmovido por el testimonio de su fé, manifestada en su capacidad de soportar el sufrimiento, en la incesante oración, en el modo de vivir los últimos instantes de su vida. Aquella tarde ha quedado marcada en el calendario de todos los que aman al Santo Padre. Se ha convertido en la chispa que ha encendido en el corazón de los hombres la gratitud hacia el Papa, con el deseo de perseverar en el camino que él nos indicó.

En aquellos días el mundo detuvo su marcha. Los Jefes de Estado y representantes de las distintas religiones se congregaron, junto a multitud de peregrinos, en torno a los restos mortales del Papa, y los habitantes de la tierra se unieron a él en las iglesias, en las plazas, en sus casas. Para los fieles de nuestra Archidiócesis, la Marcha Blanca y la Eucaristía en Bolonia, Cracovia, con la participación de millones de personas, constituyeron un gran acontecimiento. Permanecimos en oración bajo las ventanas de la Curia desde donde él nos hablaba, en las iglesias donde rezaba con nosotros. Llevábamos velas encendidas – la luz de Cristo, signo de nuestra fé, que va más allá del umbral de la muerte.

 Han transcurrido ya meses desde aquellos extraordinarios acontecimientos. La vida ha retomado su curso ordinario, hemos vuelto a nuestros deberes cotidianos. Aquellos sucesos, sin embargo, han dejado una huella profunda en nuestro corazón. En nuestro interior hay ahora más capacidad de reflexión, más convicción de que somos capaces de vivir dignamente, más fervor en nuestra oración. En este clima expresamos de varias formas la gratitud al Señor por el don de Juan Pablo II. Está madurando la convicción de que hay una necesidad de encuentros que nos recuerden al Papa y nos ayuden a profundizar en sus enseñanzas.

Durante muchos años el día 16 de cada mes ha sido el día de oración por el Santo Padre. No lo olvidaremos, pues nos recuerda la elección del Cardenal Karol Wojtyla a la sede de Pedro. En nuestra tradición, no obstante, recordamos a nuestros seres queridos principalmente el día de su “nacimiento” al cielo. Juan Pablo II pasó de este mundo a la casa del Padre entre dos días especiales. Según el calendario civil era aún sábado, día dedicado a María, pero en el orden del calendario litúrgico se había iniciado ya la celebración del domingo. ¡El domingo de la Divina Misericordia!. De este modo Dios ha impreso su sello en la vida y misterio de Juan Pablo II, un sello que nos lleva al mismo tiempo a María y al misterio de la Misericordia.

Tomemos pues la tarde de los primeros sábados de mes como el día de nuestros encuentros con Juan Pablo II. Sintámonos cercanos al Papa, como lo estábamos el 2 de abril de 2005. En las intenciones de la Santa Misa y de los encuentros en familia abracemos la causa de su Beatificación.

Dirijo a todos, a las familias y a las comunidades, a los jóvenes y a los niños, a las personas solas y a los enfermos, una cálida invitación a vivir juntos las veladas de oración con Juan Pablo II. Cada primer sábado de mes, de las 21.00 a las 21.37 h. interrumpamos nuestro quehacer. Que esta hora sea para nosotros la hora santa de gratitud y esperanza. Reunámonos en casa o en la parroquia para permanecer en oración a María y meditar las enseñanzas del Santo Padre. Que el libro de las Sagradas Escrituras y la llama viva de una vela nos unan en torno a Dios rico en misericordia, que nos recuerden la figura de Juan Pablo II y nos ayuden a construir una fé común y sólida.

PROGRAMA DE LAS VELADAS DE ORACION


     El primer sábado de mes es el día dedicado a la veneración del Corazón Inmaculado de la Virgen María. Muchas personas participan en la Eucaristía y rezan como pidió la Virgen en las apariciones de Fátima. Intentemos conservar este clima mariano del primer sábado durante los encuentros con Juan Pablo II. Que su programa comprenda: *la oración a la Virgen; *la reflexión sobre las enseñanzas de Juan Pablo II; *la realización de gestos que ayuden a superar las barreras que nos separan y a acercarnos los unos a los otros.

A continuación presentamos las sugerencias para las distintas partes del encuentro. Se pueden adaptar a las condiciones de una determinada familia o comunidad que se reúna en la Iglesia.

INTRODUCCIÓN.


1) El encuentro comienza con una oración silenciosa. Dirigimos nuestros pensamientos hacia la “ventana de la casa del Padre” en la que, según palabras del Papa Benedicto XVI, está ahora Juan Pablo II. El participa de lo que estamos viviendo.

a) En casa. La familia enciende una vela. Esta nos recuerda las luces que se encendieron en todas partes los días de la muerte y funeral del Papa. Ahora su llama será para nosotros signo del fuego de la misericordia, que Dios quiere encender en nuestros corazones y que debemos llevar al mundo.

b) En la iglesia. Luces apagadas. Antes de las 21.00, la procesión se dirige en silencio hacia el altar. El sacerdote lleva la Sagrada Escritura. La coloca sobre el altar, junto a las velas. Durante un canto se encienden las luces.

2) A las 21.00 entonamos un canto. A continuación los fieles hacen la señal de la Cruz. El guía del encuentro recuerda a todos el motivo por el que están reunidos e introduce el tema del encuentro. Finaliza esta parte del encuentro con la plegaria “Bajo tu amparo...”

JUAN PABLO II, MAESTRO DE LA VERDAD


3) Leemos un pasaje de la Sagrada Escritura y un texto escogido de las enseñanzas de Juan Pablo II. En el primer encuentro podemos leer los pasajes del Evangelio que escuchamos el día del funeral del Papa (Jn 21, 15-19), así como reflexiones escogidas de la
Homilía del Cardenal Ratzinger.

«No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16). La segunda palabra es: «El buen pastor da la vida por sus ovejas» (Jn 10,11). Y finalmente: «Como el Padre me amó, así os he amado Yo. Permaneced en mi amor» (Jn 15, 9). En estas palabras vemos el alma entera de nuestro Santo Padre. Realmente ha ido a todos los lugares, incansablemente, para llevar fruto, un fruto que permanece. «Levantaos, vamos», es el título de su penúltimo libro. «Levantaos, vamos». Con esas palabras nos ha despertado de una fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y hoy. «Levantaos, vamos», nos dice hoy también a nosotros. El Santo Padre fue además sacerdote hasta el final porque ofreció su vida a Dios por sus ovejas y por la entera familia humana, en una entrega cotidiana al servicio de la Iglesia y sobre todo en las duras pruebas de los últimos meses.

 Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. Amén.

4) Los textos leídos nos inducen a la reflexión. Podemos hacerla primero individualmente permaneciendo un momento en silencio, y luego en grupo.

a) En casa. Durante este rato de charla podemos preguntarnos: ¿cómo he vivido yo los días de la muerte y del funeral del Santo Padre?, ¿cómo interpreto las palabras del Cardenal Ratzinger que ha dicho que el Papa “nos ha despertado de una fé cansada, del sueño de los discípulos”?, ¿qué sentimientos despierta en mí la imagen del Papa asomado a la ventana de la casa del Padre?.

b) En la Iglesia. Un sacerdote o un laico dirige la meditación.

5) Después de haber tratado los temas seleccionados, prosigue la oración común. Podría consistir en recitar el Rosario de la Divina Misericordia o un tercio del Rosario (muchas familias rezan juntas un tercio del rosario). Una intención especial es pedir por la Beatificación de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II, APÓSTOL DE LA RECONCILIACIÓN


6) La oración común y el recuerdo de las palabras del Santo Padre, la meditación y la charla, ayudan a establecer vínculos más profundos entre las personas. Nos ayudan a encontrarnos en la fe, como supimos encontrarnos y mostrarnos benevolencia cuando nos unía la alegría por la presencia del Santo Padre, y más tarde la preocupación por su vida y el dolor por su partida. Por eso, cuando queda poco para las 21.37 h., intentamos estrechar el círculo de la unidad. Podemos expresar esta unidad de muchas formas, en familia o en comunidad en la Iglesia.

Esta es una de las propuestas:

a) Acto de contrición. En un momento de silencio, recordamos lo que nos divide, lo que es un obstáculo en nuestras relaciones con Dios y con los hombres, especialmente con nuestros seres queridos. Nuestro corazón se vuelve al Señor pidiendo perdón y capacidad para perdonar.

b) Signo de paz. Puede ser una mirada benévola, un apretón de manos, un abrazo cordial, una palabra amable.

c) Oraciones por aquellos que se sienten distantes entre ellos. Rezamos, en voz alta o en silencio, por todos aquellos con los que aún no hemos sabido reconciliarnos y por los que sufren a causa de la incomprensión y la injusticia, de los conflictos y de la guerra.

d) Recitamos juntos el Padre Nuestro. Podemos terminar pidiendo por la superación de las divisiones entre los hombres con una oración común a Dios nuestro Padre. Se puede cantar o recitar tomados de la mano.

CONCLUSIÓN


7) El guía recuerda a todos una meditación escogida de la liturgia dominical y exhorta a vivir bien el día del Señor. Lo puede hacer con estas palabras o similares:

 “La tarde del sábado, 2 de abril de 2005, el Santo Padre Juan Pablo II participó en la Eucaristía que era ya celebración de la liturgia dominical. También nosotros hemos entrado en el clima de este día sagrado. Leemos en el Evangelio de San Mateo las palabras de Jesucristo:  “Aprended de Mi que Soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 25-30). Intentemos unirnos a Jesús e imitarlo en nuestra vida de cada día. Que el Señor nos conceda a todos un buen domingo.”

(El encuentro termina con la señal de la Cruz (o la bendición si está presente un sacerdote). Se puede terminar también con un canto.)


El Encuentro 2 lo puede leer y/o imprimir desde la siguiente dirección

http://www.juanpablomagno.org/postulador8.htm


BOLETÍN DE LA POSTULACIÓN DE JUAN PABLO II

  Para solicitar el envío Boletín de la Postulación del Siervo de Dios Juan Pablo II, llene el formulario que está en la siguiente dirección:

http://www.vicariatusurbis.org/Beatificazione/RichiestaBollettinosp.asp


 Traducción del italiano realizado por Ljudmila Hribar (Ramos Mejia, Bs.As-Argentina)


ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES

 POR INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II

Oh Trinidad Santa,  te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.  Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.

Padrenuestro. Avemaría. Gloria.

Con aprobación eclesiástica

CARD. CAMILLO RUINI
Vicario General de Su Santidad
para la Diócesis de Roma


Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni in Laterano 6/A  00184 ROMA . También puede enviar su testimonio  por correo electrónico a la siguiente dirección: postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org



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