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Catequesis
sobre la PATERNIDAD DE DIOS
por el Siervo de Dios
JUAN PABLO II
(en el siglo Karol Wojtyla)
Sumo Pontífice
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PATER NOSTER |
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Pater noster, qui es in cælis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum
tuum. Fiat voluntas tua, sicut in cælo et in terra.
Panem nostrum quotidianum da nobis hodie. Et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem:
sed libera nos a malo.
Amen.
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Padre nuestro, que
estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro
pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a
los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
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LA PATERNIDAD DE DIOS
Audiencia del miércoles 23 de octubre de 1985
1. En la catequesis precedente
recorrimos algunos de los testimonios del
Antiguo Testamento que preparaban a recibir la revelación plena,
anunciada por Jesucristo, de la verdad del misterio de la
Paternidad de Dios.
Efectivamente, Cristo habló muchas
veces de su Padre, presentando de diversos modos su Providencia y
su Amor Misericordioso.
Pero su enseñanza va más allá.
Escuchemos de nuevo las palabras especialmente solemnes, que
refiere el Evangelista Mateo (y paralelamente Lucas): 'Yo te
alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste
estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los
pequeños', e inmediatamente: 'Todo me ha sido entregado por mi
Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al
Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quisiera revelárselo'
(Mt
11, 25.27. Cfr. Lc 10, 21).
Para Jesús, pues, Dios no es solamente
'El Padre de Israel' ' El Padre de los hombres', sino
'Mi Padre'.
'Mío': precisamente por esto los judíos querían matar a Jesús,
porque 'llamaba a Dios su Padre' (Jn 5, 18). 'Suyo' en sentido
totalmente literal: Aquel a quien sólo el Hijo conoce como Padre,
y por quien solamente y recíprocamente es conocido. Nos
encontramos ya en el mismo terreno del que más tarde surgirá el
Prólogo del Evangelio de Juan.
2. 'Mi Padre' es el Padre de
Jesucristo: Aquel que es el Origen de su ser, de su misión
mesiánica, de su enseñanza.
El Evangelista Juan ha transmitido con
abundancia la enseñanza mesiánica que nos permite sondear en
profundidad el misterio de Dios Padre y de Jesucristo, su Hijo
unigénito.
Dice Jesús:
'El que cree en Mí, no
cree en Mí, sino en El que me ha enviado' (Jn 12, 44).
'Yo no he
hablado de Mi mismo; el Padre que me ha enviado es quien me mandó
lo que he de decir y hablar' (Jn 12,49).
'En verdad, en verdad os
digo que no puede el Hijo hacer nada por Sí mismo, sino lo que ve
hacer al Padre; porque lo que Éste hace, lo hace igualmente el
Hijo' (Jn 5, 19).
'Pues así como el Padre tiene vida en
Sí mismo,
así dio al Hijo tener vida en Sí mismo' (Jn 5, 26).
'El Padre que tiene la vida, me ha enviado, y
Yo vivo por el Padre' (Jn 6, 57).
El Hijo vive por el Padre ante todo
porque ha sido engendrado por Él. Hay una correlación estrechísima
entre la paternidad y la filiación precisamente en virtud de la
generación: 'Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado' (Heb 1, 5).
Cuando en las proximidades de Cesarea
de Filipo, Simón Pedro confiesa: 'Tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios vivo', Jesús le responde: 'Bienaventurado tú. porque no es la
carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre.'
(Mt
16, 16-17), porque 'sólo el Padre conoce al Hijo', lo mismo que
'sólo el Hijo conoce al Padre' (Mt 11, 27). Sólo el Hijo da a
conocer al Padre: el Hijo visible hace ver al Padre invisible. 'El
que me ha visto a mí, ha visto al Padre' (Jn 14, 9).3.
De la lectura atenta de los Evangelios
se saca que Jesús vive y actúa constante y fundamental referencia
al Padre. A Él se dirige frecuentemente con la palabra llena de
amor filial: 'Abbá'; también durante la oración en Getsemaní le
viene a los labios esta misma palabra (Cfr. Mc 14, 36 y
paralelos). Cuando los discípulos le piden que les enseñe a orar,
enseña el 'Padrenuestro' (Cfr. Mt 6, 9-13). Después de la
Resurrección, en el momento de dejar la tierra, parece que una vez
más hace referencia a esta oración, cuando dice: 'Subo a Mi Padre
y a vuestro Padre, a Mi Dios y a vuestro Dios' (Jn 1, 17).
Así, pues, por medio del Hijo (Cfr.
Heb 1, 2), Dios se ha revelado en la plenitud del misterio de su
paternidad. Sólo el Hijo podía revelar esta plenitud del misterio,
porque 'sólo el Hijo conoce al Padre' (Mt 11, 27).
'A Dios nadie
le vio jamás; Dios unigénito, que está en el seno del Padre, se le
ha dado a conocer' (Jn 1, 18).
4. ¿Quién es el Padre?. A la luz del
testimonio definitivo que hemos recibido por medio del Hijo,
Jesucristo, tenemos la plena conciencia de la fe de que la
paternidad de Dios pertenece ante todo al misterio fundamental de
la vida íntima de Dios, al misterio trinitario. El Padre es Aquel
que eternamente engendra al Hijo, al Hijo consubstancial con El.
En unión con el Hijo, el Padre eternamente 'espira' al Espíritu
Santo, que es el Amor con el que el Padre y el Hijo recíprocamente
permanecen unidos (Cfr. Jn 14, 10).
El Padre, pues, es en el misterio
trinitario el 'Principio-sin principio'.' El Padre no ha sido
hecho por nadie, ni creado, ni engendrado' (Símbolo 'Quicumque').
Es por sí solo el Principio de la Vida, que Dios tiene en Sí
mismo. Esta vida es decir, la misma divinidad la posee el Padre en
la absoluta comunión con el Hijo y con el Espíritu Santo, que son
consubstanciales con Él.
Pablo, apóstol del misterio de Cristo,
cae en adoración y plegaria 'ante el Padre, de quien toma su
nombre toda familia en los cielos y en la tierra' (Ef 3, 15),
principio y modelo.
Efectivamente hay 'un solo Dios y
Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos' (Ef 4,
6).

ORACIÓN
PARA IMPLORAR FAVORES
POR
INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II
Oh Dios Padre Misericordioso,
que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la
Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a
tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, la gracia de ser
Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e
hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena
voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias
de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias
de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te
ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus
Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te
pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del
hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el
Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y
por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
De conformidad con los decretos del Papa
Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la
Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de
culto público.
Se ruega a quienes obtengan gracias por
intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador
de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni
in Laterano 6/A 00184 ROMA . También puede enviar su testimonio por correo
electrónico a la siguiente dirección:
postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org
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